dimarts, 3 de febrer de 2015

"Un serio peligro amenaza a la sociedad"

Ma güelo col·leccionava revistes i desprès hi feia un llibre, però mon pare un dia va decidir que "Això son llibres vells i no servixen. Tots a la brossa". Sort en vaig tenir de salvar-ne sis de la "cremà" de mon pare i avui he tingut a mans el volum de la revista MUNDO GRAFICO any 1914.
Tot seguit us reprodueixo, tal com raja, un article a la revista de data dimecres, 4 de febrer de 1914. El títol és LA MUJER DESAPARECE, signat per Cecilia Camps, suposo per dissimular. 


Cuando leo á diario en los periódicos las hazañas que de continuo vienen realizando las testarudas sufragistas inglesas, no puedo menos de pensar en que un serio peligro amenaza á la sociedad.

Digo serio peligro, porque considero como tal el que la mujer se masculinice y vaya poco á poco invadiendo terrenos que hasta hoy fueron patrimonio exclusivo del hombre.

No contentas las feministas con haber conquistado el foro, la medicina, la química y hasta el ruedo taurino, piden ahora entrar en el ejército, y quién sabe si mañana surgirá alguna que, animada con el ejemplo de la francesita que no ha mucho pretendió disputar la presidencia a Poincaré, trate de usurpar el solio al Pontífice romano.

Los partidarios del feminismo arguyen que ya va siendo hora de que la mujer se coloque en condiciones de bastarse á si propia, sin necesidad de pasarse la juventud inclinada sobre la costura, casi único recurso con que hoy cuenta para sostenerse; pero tanto monta pasarse los mejores años de la juventud inclinada sobre la labor ó pasarlos inclinada sobre los libros; pienso que, sin necesidad de espigar en el campo masculino, podría la mujer, si se decidiera á ello, encontrar medios más adecuados de vida: el primero, expulsando por completo al hombre del mostrador que tan injustamente monopoliza. tan ridículo resulta un hombre mirando varas de encaje, como una mujer disertando sobre el hueso fémur, en una sala de disección.

Lo más sensible es que, á medida que la mujer avanza hacia el feminismo, el hombre va dejando de ser galante con ella. Ya no le cede el asiento en el tranvía: la atropella cuando de asaltar una plataforma se trata; en la calle la empuja si lleva prisa, y no se recata en su presencia para hablar con la mayor libertad. En una palabra: toma su revancha tratándola como camarada. Y no hablemos de las sufragistas inglesas, que salen á fracaso diario, con perjuicio de los menesteres domésticos. Encuentro muy natural que el derecho á votar, que persiguen tan tenazmente, les sea negado una y otra vez. La mujer, más sentimental que razonadora, romántica y soñadora, no es apta para ocupar ningún cargo público, porque fácilmente se dejaría arrastrar por sus impresiones y no obraría siempre con entera serenidad de juicio.

¿Se puede suponer capacidad en esos energúmenos con faldas que recorren las calles en pelotón, insultando á las autoridades, incendiando lugares, rompiendo cristales y tratando de agredir á los policeman.

Innumerables grabados nos las representan desenpeñando los oficios más rudos del hombre. Francia tiene ya la mujer cochero, cartero, etcétera; En España, por fortuna, sólo contamos hasta hoy con algunas doctoras; pero todo es empezar. La mujer desaparece. Y cuando el feminismo haya arraigado de lleno en todas partes, las mujeres, que habrán adoptado francamente la indumentaria masculina, se acogerán á las doctrinas malthurianas para evitarse la denigrante misión de la maternidad, incompatible con sus nuevos derroteros, y entonces surgirá un nuevo ser, ni macho ni hembra, que yo brindo á mi ilustre paisano, el académico de la lengua por derecho propio, Mariano de Cavia, para que lo clasifique y dé nombre adecuado.

Y, entre tanto, ya pueden los hombres ir pensando con que substituir á la mujer.

Cecilia Camps.

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